Al correr rimas de placer

En el siglo XXI, correr se ha convertido en una de las disciplinas atléticas más populares, cubiertas y unificadoras. Correr nos ayuda a mantenernos en forma, a tomarnos tiempo para nosotros y a pasarlo con los demás. Correr también nos brinda un gran placer, alegría, satisfacción y orgullo cuando logramos alcanzar metas que antes se creían inalcanzables. Cuando experimentamos una sesión positiva (Zenko, Ekkekakis y Ariely, 2016), y conservamos buenos recuerdos de ella, es más probable que sigamos regresando. Por otro lado, correr también es sinónimo de esfuerzo físico, malestar e incluso dolor y agotamiento (Hall & Fong, 2015; Mullen & Hall, 2015). En consecuencia, cuando experimentamos este tipo de sensaciones mientras corremos, estamos menos tentados a regresar.

Contenido:

¿Cómo se deriva el placer y por qué afecta nuestra voluntad de volver a la actividad?

El auge del placer

El metabolismo aeróbico vinculado al placer

Desde el punto de vista fisiológico, la realización de ejercicio físico requiere la producción de energía muscular. Esa energía muscular se puede crear utilizando el oxígeno circundante (es decir, metabolismo aeróbico) o utilizando la energía que ya está almacenada dentro de los músculos (metabolismo anaeróbico). Aprovechar el metabolismo aeróbico permite a las personas esforzarse durante períodos más largos (por ejemplo, varias horas) con una cantidad mínima de dolor y fatiga. Esto nos lleva a favorecer la práctica de una actividad física asociada al placer. A la inversa, debido a la acumulación de lactato dentro de los músculos, favorecer el ejercicio anaeróbico durante nuestras sesiones conduce a una experiencia desagradable marcada por sensaciones de disgusto, fatiga, dolor e incluso agotamiento.

¿Deberías favorecer el ejercicio aeróbico o anaeróbico al entrenar?

Cuando practicas una actividad física, especialmente correr, ambos mecanismos pueden verse favorecidos. Cuál depende de la intensidad del esfuerzo y la duración. Cuanto más intenso sea el esfuerzo, más favorecerá el organismo el mecanismo anaeróbico ya que produce energía mucho más rápido. Por el contrario, si nos esforzamos durante un intervalo más extenso, en contraposición a ráfagas cortas pero intensas, el mecanismo aeróbico será el sistema predominante utilizado (Figura 1). El punto de encuentro, donde el cuerpo comienza a preferir un mecanismo sobre el otro, se llama umbral ventilatorio. Hasta este punto, se prefiere el mecanismo aeróbico porque la intensidad es solo moderadamente difícil. Más allá de este punto, el mecanismo anaeróbico producirá la mayor parte de la energía muscular porque la intensidad de la actividad física requiere una rápida producción de energía.

El umbral ventilatorio se asocia a menudo con el umbral láctico porque un uso preferencial del mecanismo anaeróbico genera una cantidad significativa de lactato. El lactato es un producto de desecho energético que genera sensaciones negativas, como malestar, dolor y agotamiento.

La teoría del modo duelo

La teoría del modo dual, desarrollada en 2003, explica que cuando realizamos una actividad física, el placer o el disgusto que sentimos depende también de las características psicológicas de la persona (Ekkekakis, 2003). Una persona que valora sentir que se está esforzando estará más inclinada a sentir placer mientras su cuerpo favorece el mecanismo anaeróbico que una persona que prefiere disfrutar de la actividad atlética sin sufrimiento. Por otro lado, esa misma persona (que prefiere la sensación de esfuerzo) sentirá un gran disgusto si participa en una actividad atlética que no es lo suficientemente intensa. Esto es a pesar del hecho de que su cuerpo está utilizando un mecanismo fisiológico que debería permitirles sentir placer.

Figura 1: Representación gráfica de la teoría del modelo dual (Ekkekakis, 2003; VT: umbral ventilatorio; LT: umbral láctico)

Los recursos mentales necesarios para realizar una actividad física.

Psicológicamente hablando, la práctica de ejercicio físico requiere recursos mentales para poder organizar, planificar y encadenar todos los movimientos sin poner en peligro nuestro cuerpo (Abbiss, Peiffer, Meeusen, & Skorski, 2015; Brick, MacIntyre, Y Campbell, 2016; Brick, MacIntyre y Campbell, 2015). En este contexto, sentir placer o disgusto cuando practicamos un deporte depende de nuestra capacidad para planificar correctamente lo que vamos a hacer y adaptarnos a los cambios y dificultades que surgen durante la sesión. Cuanto más seamos capaces de planificar y gestionar correctamente las dificultades y los esfuerzos durante la sesión, más probabilidades tendremos de sentir placer mientras corremos. A la inversa, experimentar sentimientos negativos como el disgusto cuando nos movemos es una señal de que lo que estamos haciendo es potencialmente peligroso para nosotros y de que no tenemos los recursos necesarios para superar las dificultades. En este caso, tanto nuestro cuerpo como nuestra mente están en peligro. En ese momento, el reto está en la capacidad de cambiar lo que estamos haciendo (intensidad o duración de la sesión) para no ponernos en peligro, todo ello maximizando el esfuerzo ejercido y el placer que se siente. Adaptarnos adecuadamente volverá a traernos sensaciones de placer y por tanto nos empujará a volver a este tipo de sesiones en el futuro. Por otro lado, una mala adaptación nos traerá aún más sentimientos de disgusto y puede llevarnos a abandonar por completo la actividad de correr (Fig. 2).

Figura 2: Representación gráfica del vínculo entre recursos psicológicos, placer y participación en una actividad física.

¿Cómo sentir placer siempre (o con la mayor frecuencia posible) al correr?

Herramientas para optimizar tu sesión

Haga un balance de su nivel de condición física antes de comenzar

Es importante tener en cuenta que, a veces, a pesar de nuestra capacidad de planificación y organización, simplemente no podemos administrar adecuadamente lo que estamos haciendo. Un bajo nivel de condición física antes de la carrera puede evitar que sintamos placer porque ya estamos cansados ​​incluso antes de comenzar. Prestar atención al estado en el que nos encontramos antes de empezar es una buena herramienta para adaptar mejor nuestras sesiones con el fin de maximizar el placer y minimizar el disgusto. Antes de cada sesión, escalamos de 0 a 10, haga un balance de su nivel de condición física (0 = nada en forma; 10 = condición física máxima).

Escúchate constantemente durante la sesión.

Prestar atención a lo que siente le permite adaptar mejor lo que está haciendo durante una sesión deportiva (Acevedo y Ekkekakis, 2006; Eston y Williams, 1988; Lind, Joens-Matre y Ekkekakis, 2005; Rose y Parfitt, 2008; Schücker, Knopf, Strauss y Hagemann, 2014). Esto permite regular mejor la intensidad (Lind y col., 2005; Rose y Parfitt, 2008) para mejorar su rendimiento y optimizar la gestión de su gasto energético (Schücker et al., 2014), y vive una sesión más placentera en comparación con la práctica de una actividad física sin basar la intensidad en lo que estás sintiendo (Parfitt, Rose y Burgess, 2006). Entonces, cuando corra, adquiera el hábito de prestar atención a lo que está sintiendo. Ya sea cada 5 minutos o cada 10 minutos, asegúrese de que sea regular.

Aceptarte y relajarte

Sentir placer practicando un deporte significa participar en una sesión que se encuentra en un nivel de dificultad que somos capaces de manejar tanto física como psicológicamente (Pesce, 2016). De esta manera, cuando empiece a sentir disgusto, acepte que no podrá realizar los esfuerzos requeridos para ese día. Si lo hace, podrá recuperar fuerzas y tener confianza en sí mismo la próxima vez.

Escrito por:

Mauraine Carlier – Doctora en Psicología del Deporte

Bibliografía

  • Abbiss, CR, Peiffer, JJ, Meeusen, R. y Skorski, S. (2015). Papel de las calificaciones del esfuerzo percibido durante el ejercicio a su propio ritmo: ¿qué estamos midiendo realmente? Medicina deportiva (Auckland, Nueva Zelanda), 45 (9), 1235-1243.
  • Acevedo, EO y Ekkekakis, P. (2006). Psicobiología de la actividad física. Cinética humana.
  • Brick, NE, MacIntyre, TE y Campbell, MJ (2016). Pensamiento y acción: una perspectiva cognitiva sobre la autorregulación durante el rendimiento de resistencia. Fronteras en fisiología, 7, 159.
  • Brick, N., MacIntyre, T. y Campbell, M. (2015). Procesos metacognitivos en la autorregulación del rendimiento en corredores de resistencia de élite. Psicología del deporte y el ejercicio, 19 (Suplemento C), 1‑9.
  • Ekkekakis, P. (2003). Placer y disgusto del cuerpo: perspectivas del ejercicio. Cognición y emoción, 17 (2), 213-239.
  • Eston, RG y Williams, JG (1988). Fiabilidad de las calificaciones de la regulación del esfuerzo percibido de la intensidad del ejercicio. Revista británica de medicina deportiva, 22 (4), 153-155.
  • Hall, PA y Fong, GT (2015). Teoría de la autorregulación temporal: un modelo informado neurobiológicamente para el comportamiento de la actividad física. Fronteras en neurociencia humana, 9.
  • Lind, E., Joens-Matre, RR y Ekkekakis, P. (2005). ¿Qué intensidad de actividad física seleccionan las mujeres de mediana edad previamente sedentarias? Evidencia de un patrón coherente desde el punto de vista fisiológico, perceptivo y afectivo. marcadores. Medicina preventiva, 40 (4), 407-419.
  • Mullen, SP y Hall, PA (2015). Editorial: Actividad física, autorregulación y control ejecutivo a lo largo de la vida. Frontiers in Human Neuroscience, 9, 614.
  • Parfitt, G., Rose, EA y Burgess, WM (2006). Las respuestas psicológicas y fisiológicas de las personas sedentarias al ejercicio de intensidad prescrito y preferido. Revista británica de psicología de la salud, 11 (Parte 1), 39-53.
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  • Rose, EA y Parfitt, G. (2008). ¿Se puede utilizar la escala de sensaciones para regular la intensidad del ejercicio? Medicina y ciencia en el deporte y el ejercicio, 40 (10), 1852-1860.
  • Schücker, L., Knopf, C., Strauss, B. y Hagemann, N. (2014). Un foco de atención interno no siempre es tan malo como su reputación: cómo los aspectos específicos de la atención enfocada internamente no obstaculizan la eficiencia del funcionamiento. Revista de psicología del deporte y el ejercicio, 36 (3), 233-243.
  • Zenko, Z., Ekkekakis, P. y Ariely, D. (2016). ¿Puede hacer su ejercicio vigoroso y disfrutarlo también? Reducir la intensidad aumenta el placer pos-ejercicio, recordado y pronosticado. Revista de psicología del deporte y el ejercicio, 38 (2), 149-159.

Tu corres, nos importa

Para obtener más consejos sobre correr y salud, consulte el Running Care aplicación.

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